Nadar es mucho más…

Nadar en Menorca
Nadar es mucho más que avanzar en el agua.
Es rendirse al ritmo del cuerpo y al pulso del mundo.
Cada brazada abre un surco en el presente,
y ahí, justo ahí, algo se alínea.
 
La luz del sol se filtra entre las ondulaciones,
tiñendo el fondo con reflejos dorados, verdes, azules.
Las ramas sumergidas, las piedras, el veril que marca el misterio de lo profundo,
todo invita a mirar sin prisa, a dejarse sorprender.
 
No hay dos metros iguales.
Cada tramo es un universo:
el agua cambia de temperatura, de color, de textura.
Y uno cambia con ella.
 
El cuerpo respira.
El entorno respira.
Y entonces, algo se une.
Como si el agua no solo nos envolviera,
sino que nos volviera parte.
 
El silencio se llena de sonidos nuevos:
Las burbujas de aire subiendo por la cara,
el roce del cuerpo en el agua,
la vibración sutil de todo lo vivo.
 
Y en ese instante —cuando dejás de pensar cómo nadar—
y simplemente sos parte del movimiento,
la naturaleza no está afuera,
está en vos.
 
Cada ritmo, cada inmersión,
te devuelve al presente más salvaje, más puro.
Te funde con lo que te rodea
y te reconstruye desde adentro.
 
Esto no es solo nadar.
Es recordar que somos agua.
Y que volver a ella,
es volver a uno mismo.