
Cuando llegás a Puerto Pirámides pensás que lo fuerte es el paisaje.
Pero cuando entrás al agua entendés que no es eso.
Lo que impacta es cómo te obliga a estar presente.
No por dificultad.
Por condiciones.
Por clima.
Por cómo el cuerpo tiene que adaptarse y leer el entorno todo el tiempo.
La técnica importa, el entrenamiento importa, pero este mar te ordena de otra manera.
Te pide bajar un cambio mental para poder nadar mejor.
No se trata de pelear con el agua, sino de fluir con ella.
Las restingas marcan el recorrido.
El viento cambia la superficie.
El fondo aparece y desaparece.
Es un mar simple, cristalino, lleno de vida. Eso limpia la cabeza. Te saca del automático.
Nadamos fuera de temporada de ballenas. El lugar está más calmo, más silencioso. Eso se siente adentro del agua y afuera también.
Dormís mejor. Comés mejor. El cuerpo entra en otro pulso.
Lo que pasa fuera del agua es parte del entrenamiento: caminar, estirar, respirar, compartir.
Nada forzado.
Todo suma para entrar al mar más conectado y más disponible.
Este viaje no es para acumular kilómetros.
Es para nadar consciente, conectado con la naturaleza y volver con la cabeza más liviana y el cuerpo mejor.
Si buscás un lugar que te saque del ruido, te exija presencia y te haga disfrutar de algo mas grande que solo nadar, Puerto Pirámides es ese lugar.
Juan Manuel Zucconi
TDN · Travesías de Nado
Juan Manuel Zucconi
TDN · Travesías de Nado

